Dos Suntory Yamazaki en el Bar Cock.


Asiduo de bares, solía frecuentar el alto escalafón de los clubs sociales en las castizas noches madrileñas.

Siempre  iba solo, siempre se recordaba que estando solo uno podía llegar a saborear el momento hasta llegar al aburrimiento, y ahí es cuándo sólo tenía cabida la compañía ocasional, si esta era buena.

Su bar preferido era el Cock de la calle la Reina, ahí encontraba un ambiente graduado, vigilado y mimado por gorilas de traje y corbata que no consentían ningún cambio en la armonía del lugar.

El Cock desprendía ese aire bohemio que sólo conseguían los bares cuidados, amamantados por el buen gusto y no deseosos de venderse a cualquier borracho de cartera rebosante sin un mínimo de exigencia elegante.

Era conocido en el Cock, se creía parte de un decorado hecho a su medida, encontraba las mismas caras de frustración y desidia, todas con un destino concreto,  esa maciza barra de Nogal español.

De vez en cuando en las noches que daban comienzo al fin de semana, se presentaba algún libro de algún escritor de renombre, el lugar invitaba a ello, era  sabido por todos el ambiente literario y cultural del lugar, no era difícil encontrarse a personalidades del mundo literario dialogando con él, su clase, su elegancia extrovertida y sobre todo su personalidad marcadamente  nihilista le hacía considerarse una persona atractiva para el diálogo, siendo también divertida si antes se le había aderezado con alguna copa de su whisky favorito.

Sentado en la barra, el espejo que tenía enfrente invitaba sentarse y así contemplar lo que las botellas dejaban entrever, una imagen distorsionada por el vidrio y difuminada por el humo del ambiente, su copa de whisky con dos hielos, y ese aire de melancolía y mirada perdida de una imagen que pronto dejaba de serle reconocible.

El whisky no tenía la culpa de sus silencios, su burbuja intima sólo se rompía si el que osaba aproximarse era uno de los que él consideraba como amablemente denominaba…colega, para él sus colegas eran como las castas en el Japón feudal, sólo unos pocos elegidos eran dignos de llamarle la atención, todo lo demás lo consideraba simple, vulgar, sin posibilidad de llenar sus inquietudes.

El gesto le cambiaba cuándo uno de sus colegas aparecía en la escena del Cock, en ese momento el libre albedrío de ideas, opiniones y filosofadas cobraban un sentido…y era en esos momentos como castas del Japón feudal cuando los dos amigos hacían un gesto al camarero y este sabiéndose del significado del mismo, les servía dos copas de un Suntory Yamazaki de 12 años, por supuesto con dos cubitos de hielo.




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