Extraterrestres en Pekin


Esa es la sensación que se me queda al ver cualquier disciplina deportiva en estos juegos olímpicos, de que son verdaderos extraterrestres.

Más en la disciplina de natación donde han caído ya 16 récords del mundo, me encanta e incluso me parece graciosa la entrega de medallas, quién de niño no ha jugado a que ganaba una medalla, es más quién no tiene una medalla. Me gusta que den tantas medallas, incluso tres me parecen pocas, en vez de dar diplomas a los restantes yo daría una a cada finalista, aunque hubiera que hacer alguna de hierro, cobre, no sé, la última podría ser de chocolate.

Me gusta ver los juegos olímpicos, me da igual el deporte que sea, no sé qué es lo que tienen pero no me aburre nada ver cuálquier disciplina, supongo que tiene algo de espiritualidad, asombro y admiración ver un tiro con arco, un ejercicio de gimnasia rítmica o un salto de trampolín. Sólo percibo que realmente no son extraterrestres cuando ves la imagen de desolación y lagrimas de los “no ganadores” (y pongo “no ganadores” porque no creo que haya algún perdedor en unos juegos olímpicos), ahí te das cuenta de que no es nada innato sino fruto de muchas horas de trabajo y sacrificio.

Me encanta este tipo de competición en el que realmente no existe ningún interés económico por ganar, solamente prevalece el interés por estar en el grupo de los mejores, me encanta ver como se alegra el que se a quedado tercero y realmente se alegra porque le van a dar una medalla, es bonito porque no creo que sea su primera medalla, seguro que tiene en el armario muchas más, pero esa que se a ganado se la han dado en unos señores juegos olímpicos en los cuales no hay malos rollitos, no hay marcas patrocinadoras, se convive en unidad con todos los deportistas, en definitiva prevalece el renombrado espíritu olímpico. Por todo esto me gustan los juegos olímpicos.

Creo que todos nos merecemos nuestras propias olimpiadas, incluso recibir medallas, pero.. Por algún motivo que no logro comprender, nos cuesta poco otorgárnoslas a nosotros mismos y una barbaridad darlas a los demás.

Se podrían dar medallas al “parchis más divertido”, al “café más oportuno”, a “la sonrisa más apropiada”, al “chiste más gracioso”, medalla al “me estaba aburriendo pero que bien que has venido”, medalla al “suelo mejor puesto” compartida por igualdad de marca con medalla al “diseño de suelo mejor elegido”….

Todos podríamos tener medallas. Yo por si acaso.. me parece que tengo una de cuando era crío en el armario del garaje, la voy a buscar, me la voy a poner, me voy a mirar en el espejo con una sonrisa y me voy a decir todo orgulloso “Luis, tú también has ganado una medalla”.


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