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Un mundo en un tablón de anuncios.

En un rectángulo precario  se unían la necesidad y el ofrecimiento en forma de pequeños trozos de papel con un número de teléfono como firma, colgados con chinchetas en un  tablón de anuncios descorchado, indiferente para los satisfechos que día a día transcurrían por los pasillos.

Esos trozos de papel, desaliñados miraban con cara de atención a los viandantes que se les cruzaban, unos miraban con cara de ofrecimiento y otros con cara de necesidad, dejando pasar el tiempo y dejándose cuartear por él.

Sonreían en el momento que alguien se paraba enfrente de ellos, les observaban esas caras de concentración en su búsqueda, convirtiéndose luego en satisfacción al encontrar lo que habían venido a buscar. Era su trabajo, su función, ellos disfrutaban cada vez que les recortaban una tira con el número de teléfono esperando que viniera su dueño para liberarlo de esa dulce prisión para sentirse satisfechos de haber realizado bien su trabajo.

Realmente todos los habitantes de ese pequeño mundo en forma de rectángulo disfrutaban, estaban convencidos de que la labor que desempeñaban era necesaria, nunca habían dudado en sentir que había un nexo de unión entre las personas y las necesidades.

Se sentían tan importantes que incluso existía una organización dentro del tablón, ellos mismos se organizaban en clasificados, ninguno era más importante que nadie, unos ofrecían un apartamento para compartir, otros vendían el Frigo que ya no daban uso, incluso había anuncios que solamente informaban, cada uno a su manera buscaba la manera de llamar más la atención, quien más y quien menos se lo curraba para sentirse especial y único, aunque sabían perfectamente que la atención estaba en si lo que ofrecían se ajustaba a esa persona anónima que tenían enfrente.

El tablón de anuncios  siempre rezumaba vida, unos se daban la bienvenida mientras  otros se despedían. Esos pequeños anuncios  de papel  se sabían parte de sus dueños formando parte de sus sueños, al fin y al cabo sabían que todos se necesitaban y todos siempre les iban a necesitar. Todo era un vuelta a empezar.

Concurso de relatos sobre anuncios clasificados de tablondeanuncios.com


Cuento de Monstruos.

Sus ojos aviesos mostraban incertidumbre, para Nico el anochecer era cómo estar en primera persona en una película de terror, tenía la creencia ficticia de que todos los monstruos a los que tenía pánico se comunicaban por alguna razón desde su habitación….esa  cortina marrón que acariciaba la fina brisa que pasaba por la bordadura de la ventana era  para él la imaginaria puerta que conectaba su mundo con todo lo que le asustaba….con el mundo de los monstruos.

A Nico no le consolaba las frases que de vez en cuando le decía su abuela “Nico…los monstruos no existen, son producto de tu imaginación” no encontraba remedios milagrosos para combatir el terror que se le apoderaba al caer la noche, creía que aunque no le hiciesen nada, su habitación les conectaba a este mundo y eso sólo con pensarlo le llenaba de inquietud.

En el día de su octavo cumpleaños Mamá  le había regalado un precioso globo terráqueo de esos con luz que conectaba a un lado de la cama, Nico conseguía su propósito, vencer al sueño jugando a lo que el llamaba el viaje de la suerte consistía en cerrar los ojos y de manera aleatoria posar el dedo e imaginar cómo sería ese País que la suerte del dedo le había dado, calculaba si era de noche en ese momento, a que distancia estaba de su casa, cómo serían los niños que vivían ahí…

Nada le parecía más placentero que imaginarse la vida en un sitio con diferentes culturas, formas de vida, tiempo, idioma, ese exotismo le invadía su fértil curiosidad.

Para Nico el globo terráqueo se había convertido desde que se lo había regalado mama en su fiel compañero nocturno, imaginaba  lo bonito que sería  emular al Sr. FOGG y conocer otras culturas, lo poco que sabía de otros países eran por los abundantes documentales que retransmitían por televisión.

Al cabo del tiempo, un día, ya en la cama, al caer la noche, Nico se preguntó si los niños de esos lejanos países también tendrían miedo, si sus habitaciones conectarían también con ese mundo que el tanto temía. Llegaba a la conclusión de que sí que podría haber tantos monstruos como niños en este mundo, que el miedo era universal, y el no iba a ser el único niño que tuviera miedo.

¿Y los monstruos cuando eran niños quien les asustaba?……¿otros monstruos?……Igual éramos nosotros los monstruos para ellos, se preguntaba.

Al cabo de los años, Nico creció y recordando con su madre su difícil niñez le preguntó dónde había ido a parar el globo terráqueo……..su madre le contestó…..En el armario Nico, siempre lo guardaré para que cuando algo te asuste en la vida le des la atención que merece jugando con él.



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