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Mundial de Máquinas.

Durante estos días se está celebrando en Pamplona el 17º Campeonato Mundial de Ajedrez por ordenador, donde compiten los 10 mejores programas de  Ajedrez, a la vez en este macro evento también se celebra  las Olimpiadas de ordenadores, donde estos compiten en otras modalidades de  juegos de mesa (damas, go, shogi…).

ajedrezEste torneo enfrentará a una veintena de parejas ejecutando sus programas de ajedrez. Un ordenador jugando al ajedrez es una demostración de la capacidad del mismo para analizar miles de millones de resultados diferentes de una posible jugada. Los ordenadores calculan los movimientos y sus programadores los reproducen en el tablero.

Lo curioso es que el papel de la computadora en sí se queda en un segundo plano, casi todos los programas funcionan en cualquier ordenador normalito, recayendo toda la responsabilidad de la victoria en la habilidad de los programadores en crear los mejores algoritmos. 


Las anteriores ediciones del campeonato mundial de ajedrez y de la conferencia se celebraron en Beijing (China), Amsterdan (Holanda), Turín (Italia) y Reykiavik (Islandia). El motor de ajedrez Rykba creado por los estadounidenses Vasij Rajlich y Larry Kaufman se proclamó vencedor del campeonato sucesivamente en 2007 y 2008.

De momento “Pescadito” Ribka va ganando.


Moraleja.ja.ja.

moralejaSegún la omnipresente Wikipedia, la moraleja en si, es un mensaje transmitido o una lección que se aprende de una historia o de un acontecimiento. La moraleja se puede dejar al oyente, lector o espectador a determinar por sí mismo, o puede ser encerrada en una máxima.

En estos tiempos tan “apretaos” que corren, las necesidades nos hacen percibir moralejas en todos los sentidos, desde un anuncio de una conocida bebida refrescante muy parecida a la Pepsi, hasta una de las películas recomendadas en este blog de un famoso actor cuasi “oscarizado”, incluso encontramos moralejas en nosotros mismos relacionándonos con nuestros semejantes. 

Seguro, que si nos ponemos a filosofear, todos tenemos pasajes de nuestras vidas que acaban con una inteligente moraleja.

Os dejo una muy chula, que me ha enviado mi amigo Salva.

Cuenta una antigua leyenda, que en la Edad Media , un hombre muy virtuoso fue injustamente acusado de haber asesinado a una mujer. En realidad, el verdadero autor era una persona muy influyente del reino y por eso, buscaron a un ‘chivo expiatorio’ para encubrir al verdadero culpable.

El hombre fue llevado a juicio, ya conociendo que tendría escasas o ninguna oportunidad de escapar al terrible veredicto: ¡ LA HORCA !

El Juez, también cómplice, cuidó de dar todo el aspecto de un juicio justo y por esta razón le dijo al acusado:

- ‘Conociendo tu fama de hombre justo y devoto del Señor, vamos a dejar en manos de Él tu destino. Vamos a escribir en dos papeles separados las palabras culpable e inocente. Tu escogerás uno de ellos y será la mano de Dios la que decida tu destino’

Por supuesto, el funcionario corrupto había preparado dos papeles con la misma leyenda: ‘CULPABLE’ y la pobre víctima, aún sin conocer los detalles, se dio cuenta que el sistema propuesto era una trampa. No había escapatoria. El Juez conminó al hombre a tomar uno de los papeles doblados.

Éste inspiró profundamente, quedó en silencio unos cuantos segundos con los ojos cerrados pensando, y cuando la sala comenzaba ya a impacientarse, abrió los ojos y con una extraña sonrisa, escogió y agarró uno de los papeles y llevándolo a su boca, lo engulló rápidamente.

Sorprendidos e indignados los presentes, le reprocharon airadamente.

Pero… ¿qué hizo?… ¿Y ahora?… ¿Cómo vamos a saber el veredicto?

- ‘Es muy sencillo’ respondió el acusado, ‘Es cuestión de leer el papel que queda y sabremos que decía el que yo escogí’

Con rezongos y disgustos mal disimulados, tuvieron que liberar al acusado, y jamás volvieron a molestarlo.

Moraleja:

Por más difícil que se nos presente una situación, nunca dejemos de buscar la salida ni de luchar hasta el último momento.

 



Erik Johansson. Su mundo.

Os presento alguna muestra del arte de Erik Johansson, este artista sueco se está haciendo fámoso por su capacidad en manipular la realidad con el Photoshop, impresionante el trabajo de elaboración y creación.

Os dejo unas muestras, para más aquí tenéis  su página. Erik Johansson.

 

 

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Dobles sentidos.

Os dejo diferentes creaciones artísticas en clave de humor y  con un doble sentido especial y creativo. 


El gran Buster Keaton.

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Uno de los mejores actores de todos los tiempos, “El maquinista de la general” lo consagró, estaba basada en un hecho “real” autobiográfico del novelista William Pittenger, que trataba sobre el secuestro de un tren Confederado por parte de soldados de la Unión.

Lo que hizo Keaton fue cambiar el punto de vista, ya que el protagonista es un soldado sureño, es decir, los “malos” para el gran público de Hollywood de la época.

A lo largo de toda la película, no da la sensación de ser un vehículo para los gags, como pasa en muchos películas de la época, sino que todo está perfectamente ensamblado.

Fue rodada en los bosques de Oregón y al poner en marcha las locomotoras con leña, provocaron un incendio forestal durante el rodaje.

En el momento del estreno esta gran obra maestra fue un fracaso comercial.

Si quieres que un niño y un adulto se rían a la vez ponles una peli del inagualable Buster Keaton.

No falla… 

 


Gran Angular, ojo de pez, y una pizca de photoshop.

Os dejo diferentes fotografías “originales” que he encontrado realizadas con un gran angular, ojo de pez… la verdad es que son espectaculares… pero…  al acabar de verlas se puede apreciar poco a poco el peligroso acercamiento del arte con la informática  llegándome pequeños bombardeos en forma de  interrogantes sobre la verdadera “finalidad” y “calidad” del arte “contemporáneo”, añorando y empezando a confundir los colores originales  de la naturaleza.

Por eso creo que a veces hay que mirar de reojo  al cielo, al fuego, a la tierra para recordar las diferentes gamas y tonalidades  propias de la naturaleza.

Por suerte sólo necesitamos valernos de contrastes, para volver a acostumbrar a nuestro cerebro sin dejarse influir por la caprichosa retina tecnológica. 


Ver Nueva York corriendo.

Ayer fue la maratón de New York city, podemos decir que es considerada la prueba más importante y espectacular del calendario anual en cuanto a esto de machacarse durante más de 42 kilómetros. El brasileño Marilson Gomes Dos Santos repitió este domingo su victoria de 2006, en tanto la británica Paula Radcliffe también volvió a festejar un triunfo, en su caso por tercera vez. 

Dos Santos hizo un tiempo de 2:08,43 horas y le sacó 24 segundos de ventaja al marroquí Abderrahim Goumri (2:09,07), quien en 2007 ya había sido segundo. El tercer lugar fue para el keniata Danel Rono (2:11,22).

La victoria general en la Serie Mundial de Maratón 2007/2008 correspondió al también keniata Martin Lel, quien se llevó un cheque de 500 mil dólares, al igual que la alemana Irina Mikitenko, quien desde el palco vio cómo sus rivales por el premio, la etíope Gete Wami y la keniata Catherine Ndebera, en la pista se quedaban sin opciones.

Quien festejó a lo grande fue Radcliffe, defensora del título y segunda mujer en la historia en cantar victoria tres veces en el Maratón de Nueva York (también ganó en 2004), después de la noruega Grete Waitz, triunfadora en nueve oportunidades en la “Gran Manzana”.

Radcliffe hizo ayer un tiempo de 2:23,56 horas y postergó al segundo puesto a la rusa Ludmila Petrova (2:25,43). El tercer escalón del podio fue ocupado por la debutante Kara Goucher (2:25:52), la primera estadounidense en terminar entre las tres primeras corredoras del maratón neoyorquino en los últimos 14 años.

Os dejo un interesante artículo de Javier G. Lifona, colaborador de El Mundo, analizando y describiendo esta bonita carrera.

NUEVA YORK.- Tanto se ha visto, oído y leído de Nueva York que poco más se puede contar sin no caer en la repetición. Quien más o quien menos ha visto alguna vez en el cine sus impresionantes rascacielos, sus grandes avenidas, sus puentes, sus barrios de afroamericanos, chinos o judíos, Central Park, Wall Street, la Estatua de la Libertad y sus magníficos museos. A Nueva York se le pueden reprochar muchas cosas, es obvio que tiene defectos, pero está tan presente en nuestras vidas que sólo se le puede desear una cosa: larga vida.

 

A tenor de lo visto y vivido en el Maratón de Nueva York, tenía razón E. B. White hace 60 años cuando escribió que quien toma la decisión de ir a vivir a Nueva York es por “un exceso de espíritu”. No se comprendería, aseguraba el escritor, que alguien emigrara a esta ciudad sin el deseo de ser afortunado. Esa misma sensación es la que producen los neoyorquinos más de medio siglo después. Ninguna ciudad en el mundo se vuelca tanto en la celebración de un acontecimiento deportivo como el maratón. Eso se ve en las calles.

Impresiona ver al distrito entero de Brooklyn, el más poblado de Nueva York con más de 2.300.000 habitantes, animando a los corredores. No sólo animan, también participan y se divierten como un atleta más. Me habían advertido de lo bonito que era correr por la 1ª Avenida de Manhattan, con miles de personas esperando a los atletas al bajar el puente de Queens. Pero nada me habían dicho de lo emocionante que es atravesar Brooklyn.

A diferencia de Manhattan, donde se concentran los familiares y amigos de los corredores, en Brooklyn te aplauden los vecinos del barrio, a los que de nada conoces y a los que nunca volverás a ver. Familias enteras de afroamericanos cantan y bailan al ritmo de la música que toca la orquesta del colegio, sus hijos. Hay bandas para todos los gustos: gospel, soul, jazz, rap, rock, ‘trance’ e incluso la banda sonora de Rocky. Si llevas tu nombre impreso en la camiseta gritan tu nombre al pasar a su lado, y te animan, chocan sus manos con las tuyas, te ofrecen agua, fruta y pañuelos de papel. “Go, Daniel, go”. Tanta generosidad es impagable.

El momento de éxtasis es tan pleno que se te dibuja una enorme sonrisa, se te ponen los pelos de punta y te olvidas del esfuerzo, el frío y de lo que aún falta por delante. Los kilómetros y las millas pasan volando y ya no miras el pulsómetro, porque si lo hicieras verías que el corazón late como loco. Atrás quedan las cuatro horas de espera en el Puente de Verrazano, el madrugón, el viento helado de la Bahía de Nueva York, los nervios y las ganas de empezar a correr y a vivir una experiencia inigualable.

En Brooklyn sólo hay un vecindario que permanece ajeno al maratón, el barrio judío. Allí el domingo es laborable, el sábado es el día de descanso semanal, y los ortodoxos barbudos van camino del trabajo con sus dos bucles en el pelo, sombrero y ropa negra hasta los tobillos. Caminan por la acera con indiferencia, sin dirigir una sola mirada a los miles de corredores que han invadido su barrio, y sólo los niños que acaban de salir del colegio intentan tocar tu mano. Todos llevan trenzas y uniforme, pero su sonrisa es idéntica a la de cualquier otro niño.

Atravesar los temibles Bronx y Harlem no impresiona tanto como el apacible Brooklyn. Supongo que los vecinos tendrán otros problemas más importantes que salir a la calle un domingo para animar a 40.000 extraños que no les ayudarán a cambiar sus vidas. Los más afortunados, eso sí, se encuentran trabajando en los hoteles, tiendas y restaurantes que frecuentan los atletas antes y después del maratón.

El momento de máxima euforia llega al entrar en Central Park por la 5ª Avenida, otro punto donde se concentran los familiares y amigos de los corredores. Ya sólo quedan dos kilómetros en los quealgunos no pueden evitar pararse o caminar. Como se dice en el argot deportivo, vas recogiendo ‘cadáveres’, con perdón a los cadáveres. Y es que como dice mi compañero de habitación, Ricardo Salvador Rovira, lo importante es acabar los 42,196 kilómetros corriendo. En este caso han sido 26,2 millas. Y hay medallas para todos.


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