Archivo del Autor: Luis Fortanet

OK Go.

Ok Go es un grupo musical estadounidense de música Indie Rock, compuesta por cuatro miembros y hasta la fecha de hoy con 6 álbumes en el mercado, éste fantástico grupo se ha dado conocer no tanto por su música que es bastante buena sino por la calidad y originalidad de sus vídeos.

Os dejo alguno de los mejores en HD, ninguno tiene desperdicio. Para más su Web…www.okgo.net .


Dios de la vida, Dios de los suicidas.

Tal como dijo Artoud todo gozo comienza con la autodestrucción del Yo de cada uno….. unos esta autodestrucción  la buscan con drogas permitidas por el abono de cierto impuesto al poder del estado, otros la buscan con sustancias aprobadas por la sociedad pero no por la ley, y finalmente otros buscan su autodestrucción incentivando su cuerpo para que segregue diferentes sustancias más o menos naturales, las endorfinas y adrenalina están a la orden de cualquiera.

Al final da igual la forma y el modo porque todos vemos el fondo, todos buscamos nuestra placentera autodestrucción, todos buscamos el algún momento algo que de vida a la vida.

Pero… si todo gozo se convierte en autodestrucción, será porque este crea una adicción, no? y si esa adicción es estúpida se hace más permisiva, y yendo más lejos, si encima la aceptamos…ya no es gozo porque se normaliza, y ahí es cuando la hemos jodido.

El análisis que cambiará la ley, es un documental muy original sobre una droga “legal” que es como todos sabemos una gran mentira, más política que social, una droga que no te incrementa la verborrea, una droga que no sabe a nada, huele mal, y encima es cara de cojones…sólo te produce mono si eres consciente de que no la tomas, una droga hábilmente creada para consumirla cada poco tiempo, una droga camuflada por banalidades, una droga que suena extraño cuando la llamas DROGA, una droga que tiene la osadía de poner en su cajetilla que MATA.

Uno de estos vídeos documentales, es con el poeta Leopoldo María Panero, el proyecto intenta concienciar sin estorbar, importunar, sin acometer porque realmente cada uno hace con su cuerpo lo que le da la real gana y al fin y al cabo nuestro YO se habrá auto destruído alguna vez de igual o diferente forma.


Qué decías??

Que, qué decías?…Tu gesto adivina un adiós de atención en tu mirada, te escondes en el silencio esperando que este haga sonar la campana que te haga ganar a los puntos.

Te escuché un adiós entre sollozos, me hicieron digerir nuestro lazo junto a los  recuerdos, en mi dolor guardo una esperanza sabiéndola en vano.

No, no creo en tus manos, solo buscan ahogarte en el desespero, y no, no echarás de menos la luz del amanecer, mientras mi brazo se despide en tu cintura ya añorándote.

El trébede continuará trabajando a dúo con el puchero, el chocolate de las tardes de invierno no perderá su sabor…y tú te repetirás una y otra vez a qué sabía….yo te diré…A qué te crees que sabe el amor??

No habrá silencios, no habrá rencores, te invitaré a un chocolate en la tarde más fría de este invierno y nos reiremos a morros manchados recordando pedazos del ayer.


Ese pensamiento.

Recio el pensamiento, encontrándome en un paisaje mil veces ignorado, haciéndole partícipe del sentirse acariciado por la brisa casual.

Sucede con el sonido cuando de verdad respiras, sabes que te acompaña pero lo obvias, lo haces tuyo, hasta hacerlo causal, te tiene, te agarra, te condena como condenado es el hecho de vivir.

Ese pensamiento, obvio, no te deja vivirlo en la costumbre, te silencia en ti mismo, encarcelándote en una mentira con él.

Se disfraza lo mismo de una canción tarareada de Chet Baker, como de una mirada al cielo atenta a la lluvia en la lejanía de  las nubes.

Te acompaña mientras paseas, mientras deambulas por el mundo, ese pensamiento es lo que te hace mirar al frente y sentirte especial, ver las diferencias no explícitas en los otros, contemplar las diferencias en tu Yo de otra época.

No sería nadie sin ti, no le hagas caso, no te creas que le importes porque te hace tuyo, y no creas que te adora, sólo busca lo suyo.

Ese pensamiento es un gozo que autodestruye, por muy obvio y permisivo sea.

Ese pensamiento no es otro que el alimento de uno mismo.


El pijama me despertó y la radio me asustó.

No suelo dormir en pijama, odio que algo me tiré del cuerpo provocando tensión durante mi apacible sueño, pero la sensación de frío manda y esa noche no me quedó otro remedio que apostar por el no constiparme, claudicando en mis costumbres de verano.

Si al llevar una ropa que no sueles llevar en la horizontalidad de la noche, le añades unos cascos de música que están unidos por un cable a un aparato de difícil descripción, la posibilidad de no ser una noche reconfortante es bastante alta.

Pero…soy un animal de costumbres humanas y me gusta escuchar la radio en la noche, sí, es algo que creo que en su falta añoraría lo suficientemente como para producirme  el tan temido insomnio, podría afirmar que escuchar la radio por la noche me produce sensación, me reconforta escuchar en la tranquilidad de la noche pensamientos de alguien que está hablando a alguien que sabe que le escucha, escuchar un programa radiofónico a esas horas te crea intimidad, te crea un vínculo no recíproco entre un desconocido y tú, con el añadido de llevar en las ondas algún producto anestésico.

Uno de los despertares más incómodos  en mis noches de letargo, es el despertarme por culpa de la tirantez provocada por mi pijama en mi cuerpo, y acto seguido cuando ya te ha desvelado ese puñetero apéndice  de tela, escuchar la invasión de la pena directa en tus oídos, pena por la que la  gente llama, ya no para buscar solución a sus problemas  sino para encontrar un consuelo silencioso en el anonimato de la fría noches.

No me gusta contar penas, y al contrario de casi toda Maruja ni siquiera cuando no son mías, tengo la opinión de que hablar de pesimismo genera pesimismo en uno y tristeza disimulada en los demás. Tendría que estar prohibido contar penas, a no ser que esa pena viniera de plantear un problema, pues para buscar consuelo parece que se ha inventado algunos programas nocturnos radiofónicos.

La verdadera pena es estar durmiendo como un oso, y que en la mitad de la fría noche uno se despierte porque te tira un puñetero pijama que raras veces te pones, y encima cuando te despiertas, lo primero que escuchas son las penurias de un programa de radio que no habías seleccionado pero tus oídos se lo han encontrado…pero más pena es aún no poder volver a dormir porque uno acaba escuchando lo que no quería escuchar, se es invadido por la tristeza de lo que le narran y no consigue reconciliarse con el sueño porque acaba asustándose del pesimismo antes nombrado.

La gente que llama a esos programas pide gritando solidaridad, y la solidaridad no la proporciona un programa de radio nocturno, la solidaridad la proporciona diferentes puntos de vista y posibles soluciones, no un programa que con voz sensual te invita a que le llenes espacio, no dudo que proporcione consuelo y desahogo, pero solidaridad, no.

Como solución momentánea hasta la bienvenida del verdadero frío, no vuelvo a ponerme el pijama.



Con Nietzsche en el espejo.

Era un día veraniego,me encontraba absorto por los acontecimientos, habían transcurrido suficientes años y las situaciones empezaban a interferir en mi cabeza. Nunca había encontrado explicación alguna al por qué, el motivo, pero sucedía. Mi vida se reflejaba ante mis pupilas, una vida demasiado corta recordada como una película muda, todo ello a cambio de un cuerpo ya envejecido.

Siempre me había parecido curioso y a la vez un poco estúpido mirar y contemplarse uno delante de un espejo, el espejo lo consideraba el símbolo del narcicismo y lo veía incluso como la peor mentira que puede hacerse uno cara a los demás,pero, por lo que fuera yo lo buscaba, es más, si lo pretendía conseguía vaciarme con el miedo hasta hacerlo reír, si cerraba los ojos sentía la insatisfacción del que no acaba un trabajo, si los abría volvía la desilusión.

Innumerables veces me había encontrado en la madrugada perturbada, ahí, en mi austero cuarto de baño, apoyando las palmas de las manos sobre la fría y húmeda loza, cabizbajo observando vagamente el caer de mis lágrimas, recreándome en su resbalar junto a las gotas de agua.

Nunca le había encontrado sentido a llorar, siempre había creído que llorar solo te permitía derrumbarte aún más en tu desesperación, pero no lo podía remediar, por entonces estaba convencido de que si conseguía prohibirme todo sentimiento ya no lloraría, ya no sufriría.

Esa madrugada noté el frío físico, no era de extrañar, esa noche refrescaba y yo descalzo, en calzoncillos y con camiseta de tirantes, el frío embadurnó todo mi cuerpo. Era extraño porque aquel frío vino de repente, acariciando todo su sentido en mi piel erizada, aunque no para sentirme lo suficientemente incómodo como para romper el momento buscando algo con qué taparme.

El cansancio tampoco ayudaba, realmente no ayudaba nada, no encontraba ninguna explicación al despertar sin motivo aparente a esas horas de la madrugada, algo había desestabilizado mi descanso y algunas partes de mi cabeza lo sabían, las más despistadas no se habían enterado.

Y ahí me encontraba yo, una persona que al mirarse al espejo se preguntaba si había cubierto todas sus expectativas, si se había colmado en insatisfacciones, si no habían sido ya demasiados golpes sin sentido provocando inconscientemente un daño ya irreparable.

Miré al espejo y recordé ese mismo gesto de crío y de adolescente, y empecé a entender por qué se le había dando tanta importancia a la voluntad, recordé la famosa voluntad de poder Nietzscheana y llegué a la conclusión de que la vida es sólo una sensación, pero no una sensación generalizada, es una sensación del momento, del aquí y ahora, una sensación subjetiva…sentirse vivo o muerto depende de cada uno, depende de esa voluntad y todo lo demás solo te sirve para corroborarlo.



Labordeta.

Andar con sabiduría, sentirse un ignorante y ocultar tras un bigote alientos de nobleza.

Nos agasaja con canciones dedicadas a esa insolidaria  joven llamada libertad.

El sentido común convencido, cantado a los que no quieren escuchar, viajar donde no quieren viajar

aprendiendo la lección que los libros no enseñan o la vida no te deja llegar.

Sí, le conozco y el  hace engrandecer la sencillez en la gente hasta hacerla inmensa.

Esa inmensidad se hace escuchar por los que no quieren escuchar, se hacer respetar a los que

ridiculizan la verdad, y si no nos respetan  los manda a la mierda, y ese “a la mierda” suena como látigo

en jaula acallando trajes vacíos.

Lo veo, lo ven filosofando con vocación, sin selección, por despecho, con la nobleza por norma.

Sé que tienes una mochila y que en ella guardas cariño, afecto y todo un país.

Te he visto capaz de convertir esculturas de arena política en figuras solemnes griegas.

Pero el paso del tiempo tristemente enjuicia y te hace refugiarte en una soledad como sólo hace sentir

la enfermedad, y esa enfermedad llama a la entrañable muerte y esta te  besa.

Te besa llorando, sabedora de sentirte inmortal, sabedora de que ya no le cantarás.

Miro al cielo y veo reflejado sobre una Zaragoza triste…lágrimas de despedida por

un hasta siempre.

D.E.P




Game Over Project.

Desarrollado por el artista suizo Guillaume Reymond su arte consiste en revivir los videojuegos más famosos que se han realizado a lo largo de la historia, con la particularidad que Guillaume sustituye los píxeles por personas recreando muy fielmente los videojuegos. Espectacular resultado.

Tetris.

Space Invaders.

Pac-man


Kafka en la orilla.

Kafka en la orilla del japonés Haruki Murakami es de esas novelas que hacen de la sencillez una obra maestra, hace continuas referencias a las grandes obras de la literatura clásica, cine y música, sin dejar la filosofía de lado.

La historia en un principio sorprende por su sencillez, un chico en su decimoquinto cumpleaños se escapa de casa, no irá sólo, le acompañará todo el viaje un joven llamado Cuervo que no es otro que la voz de su conciencia…y de ahí la trama se hará cada vez más interesante y complicada.

El autor sabe en todo momento cómo mostrar el anzuelo para que en ningún momento decaiga el interés por la trama ello y su forma tan original de inventar historias le ha valido para ser el autor japonés más leído fuera de sus fronteras.

Una novela que en momentos las situaciones están sujetas a diferentes interpretaciones.Muy recomendable.


Lee Price y su realismo.

No, no son fotografías…sí, fíjate bien…no son fotografías….Lee Price una estadounidense de gran maestría con el pincel que basa toda su colección en tres normas fijas, el punto  de vista del observador siempre es superior……comida, siempre está presente cualquier tipo de comida…..y un fabuloso y ordenado caos.

Además le gusta ser la protagonista…en su página más …http://www.leepricestudio.com


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